sábado, 18 de octubre de 2014

LEÓN. Palacio de los Condes de Luna



Desde que se unen las coronas de León y de Castilla
en manos de Fernando III (1230)
hasta el reinado de su nieto Sancho IV (muerto en 1295),
el espacio hoy ocupado en la ciudad de León
por el Palacio de los Condes de Luna
era conocido como “So Cámaras del Rey”,
en recuerdo del primitivo emplazamiento
ocupado por los monarcas del siglo X
y que corresponde a la esquina suroeste del recinto amurallado,
zona aún llamada “Barrio de Palat de Rey”.

En tiempos de Sancho IV el palacio y el barrio
pasaron a manos de los Quiñones.
En 1285, este monarca confirmó las mercedes que, siendo infante,
había hecho a Pedro Álvarez de Quiñones.

Después el Palacio se convirtió en sede
de los Adelantados Mayores de León y Asturias,
por lo que estuvo ocupado también por otras familias.

*** 


En tiempos de Suero Pérez de Quiñones (muerto en 1367),
coetáneo de Pedro I y Enrique II,
el cargo se atribuyó de forma permanente a los Quiñones de Luna.

En los inicios de la Baja Edad Media,
los Quiñones son una familia nueva,
cuyo solar se sitúa en la actual provincia de León.
En tierras leonesas van a tener sus principales dominios
y el eje de los ríos Luna - Órbigo fue el centro de su señorío,
que después será estado y condado de Luna.
El patrimonio inicial del linaje era escaso, y se desarrollará vinculado
al oficio de Adelantado Mayor de León y Asturias.

Cuatro personajes protagonizaron la evolución familiar
durante la segunda mitad del siglo XIV y primera del XV.
Suero Pérez, Pedro Suárez I, Diego Fernández I y Pedro Suárez II.

Suero Pérez, fundador del linaje en los años centrales del XIV,
estuvo primero en el bando del rey Pedro I
y se pasó después al partido de Enrique II.
En 1366 Enrique Trastámara es proclamado rey
y concede a don Suero el Adelantamiento Mayor de León y Asturias
(cargo que probablemente ya había ostentado con Pedro I).
Don Suero recibió también del primer Trastámara
un pequeño conjunto de territorios sin continuidad geográfica,
en el Páramo, Valle del Torío y Tierras de Gordón,
inicial dominio señorial de la familia en León
al que después se añadirán tierras de Asturias.
Suero casó con María Fernández de Mendoza.
Murió en la batalla de Nájera en 1367.


Pedro Suárez de Quiñones I (muerto en 1402),
heredero del anterior,
a través del cargo de Adelantado Mayor de León y Asturias
se inserta en la “nobleza de servicio” real
durante el reinado de tres reyes Trastámaras,
Enrique II, Juan I y Enrique III.
Fue miembro del Consejo Real, Notario Mayor del Reino,
miembro del Consejo de Regencia durante la minoría de Enrique III
y Mayordomo Mayor de Fernando de Antequera,
más tarde rey de Aragón.
Don Pedro se consolidó en un primer plano nobiliario
en la corte de la nueva dinastía Trastámara.
Sin títulos pero con cargos, quintuplicó su patrimonio territorial.
En 1398 fue uno de los ricoshombres que integraban el ejército
que cercó la villa de Miranda de Duero, en Portugal,
donde resultó herido.

A la muerte de Pedro Suárez, el Adelantamiento se divide
en dos oficios distintos:
el Adelantamiento Mayor de León y la Merindad Mayor de Asturias.
La Merindad asturiana quedará adscrita al linaje,
que la desempeñará casi ininterrumpidamente
hasta el final de la Edad Media
(salvo en breves momentos de mediados del siglo XV
en que fue ejercida por otros nobles de Castilla
como don Juan de Haro o don Juan Pacheco).
La titularidad de este oficio reportará a los Quiñones,
y en especial a los condes de Luna,
un considerable poder político y económico,
ya que sus elevados ingresos les permitirán
aumentar su patrimonio e influencias
y gracias a él acumularán abundantes mercedes regias.

Don Pedro había casado con doña Juana de Bazán.
Ambos ordenaron construir una residencia
en el lugar del Órbigo que da nombre al linaje: Quiñones.

No tuvieron descendencia
y a la muerte de Pedro en 1402 heredó sus dignidades y patrimonio
su sobrino Diego, hijo de su hermana Leonor de Quiñones
y del caballero asturiano Diego Fernández de Vigil:
«Diego Fernández mi sobrino fijo de Leonor Suarez mi hermana
al qual fago mi legitimo heredero en todo con condicion
que tome la voz, apellido e armas de el solar de Quiñones».
Así, Diego Fernández de Vigil y Quiñones sucedió a su tío
con el nombre de Diego Fernández de Quiñones.
Fue conocido como “el de la buena fortuna”.


Diego Fernández de Quiñones I (muerto en 1444)
participó en la vida política del reinado de Juan II,
posicionándose en el bando de Fernando de Antequera
y de los hijos de éste, los Infantes de Aragón,
más que en el del monarca,
aunque estuvo en las cortes de uno y otros.
Intervino en las principales campañas contra Granada.
En realidad, defendió sobre todo su propio beneficio
y al frente de la Merindad Mayor de Asturias
actuó como un auténtico señor feudal,
que comete abusos que pretende convertir en ley
y que no tolera que su voluntad sea contestada.
Los vecinos de los concejos de la montaña leonesa
protestaron de sus arbitrariedades señoriales
y el rey intervino para limitar sus excesos.

Casó con doña María de Toledo y Ayala,
de la Casa de los señores de Valdecorneja (luego Alba),
lo cual consolidó su posición en la corte;
doña María era hija de Fernán Álvarez de Toledo y Meneses
y de Leonor López de Ayala.
La acertada política matrimonial de don Diego
le permitió, a través de los enlaces de sus hijos,
entroncar con las más ilustres familias castellanas
y urdir con ellas una red de intereses
frente al poder del condestable don Álvaro de Luna, favorito del rey.
Emparentó con los Pimentel, los Enríquez y los Acuña,
afincados en territorios cercanos a los suyos.
Fundó un mayorazgo para consolidar su señorío.

Pese a sus enfrentamientos con don Álvaro,
él y sus hijos estuvieron pasajeramente vinculados al condestable,
que respaldó el desarrollo de la hazaña del “Honroso Paso”
protagonizada por don Suero
(el menor de los diez hijos de don Diego),
en el puente del río Órbigo,
el episodio caballeresco más importante de la Edad Media española.
Suero de Quiñones (1409-1456) se educó, como sus hermanos,
en la corte de Juan II, adscritos a la casa del condestable don Álvaro.
Recibió de su padre como herencia la villa de Villanueva de Jamuz.
Falleció en Barcial de la Loma,
asesinado por los peones de su enemigo Gutierre de Quijada.

En el testamento de don Diego aparece la primera mención directa
del Palacio del Barrio de Palat de Rey
realizada por un miembro del linaje.
Los escudos de don Diego y doña María presiden la fachada.


Pedro Suárez de Quiñones II (muerto en 1455),
hijo mayor de don Diego,
fue criado en la casa del condestable don Álvaro de Luna
pero se convertirá pronto en uno de sus peores enemigos,
y como tal formó alianzas
con el Almirante de Castilla, el conde de Benavente, los Manrique...,
vinculados todos ellos a los Infantes de Aragón.
El condestable en un bando y don Pedro en el contrario,
se enfrentaron en Olmedo en 1445.
Don Pedro es derrotado y hecho prisionero;
su señorío corre peligro;
Laguna de Negrillos, villa principal de la familia, y el castillo de Luna
son entregados al rey Juan II.
Don Pedro busca la alianza con el príncipe don Enrique
(en ese momento enfrentado a su padre Juan II y a don Álvaro)
y más tarde de nuevo con los Infantes de Aragón.
En 1450 don Pedro fue liberado y recuperó parte de su patrimonio
aunque ya no recobró su anterior influencia.
Había casado con Beatriz de Acuña.
Murió en 1455.

*** 


El representante de la Casa más importante de todo el siglo XV
es el hijo de Pedro Suárez,
Diego Fernández de Quiñones II (muerto en 1491).
Con él se recuperó la fuerza del señorío.
En 1462 fue nombrado Conde de Luna.

A lo largo de la Baja Edad Media, los Quiñones habían adquirido,
por donación regia, compra o permuta,
diversos concejos, villas, lugares, castillos, casas y tierras
con los que formaron un señorío, solariego y jurisdiccional,
situado sobre todo en el ámbito geográfico leonés
y más fragmentariamente en el asturiano.
El señorío se extendía por toda la montaña leonesa
y por la totalidad del Valle del Órbigo,
desde el nacimiento del río hasta casi su desembocadura.
Este señorío quedó integrado en el condado de Luna.
Los Quiñones - Condes de Luna constituyen durante la Edad Media
el linaje más egregio establecido en la región astur-leonesa,
gracias a su amplio señorío, básicamente leonés,
y al ejercicio de la Merindad Mayor de Asturias.
El nivel más alto de posesiones y de poder de los Quiñones
se sitúa entre los años 1460 y 1480,
en los que alcanza cotas de primer rango
en el panorama nobiliario castellano.

Diego participó en la política de bandos del reinado de Enrique IV,
alineándose, como sus antecesores,
con los Pimentel y con los Enríquez,
Almirantes de Castilla y condes de Alba de Liste.
Contrajo matrimonio con una hija de este último, Juana Enríquez.

Este círculo nobiliario reconoció como heredero
al Príncipe don Alfonso.
Mientras éste vivió, Quiñones acrecentó su poder y su territorio.
En 1466 se apoderó del alcázar de Oviedo
y se convirtió en dueño de Asturias.
También quiso serlo de León,
donde se le opuso el linaje Osorio,
defensor de Enrique IV en tierras leonesas.
Tras la muerte del joven don Alfonso,
el Conde de Luna se decantó interesadamente por doña Isabel,
quien pronto, con generosas concesiones, lo captó para su causa.
Entre 1462 y 1480 el condado de Luna vivió tiempos de esplendor.
Sin embargo, a partir de esta fecha, los Reyes Católicos
iniciaron su política de limitación del poder nobiliario
y el condado experimentó un notable decaimiento.

A su debilitación contribuyó la constante conflictividad de los Luna,
que mantuvieron prolongadas y duras contiendas
con el concejo legionense,
con algunos monasterios cercanos
y con algunos nobles leoneses próximos a los señoríos de Luna.
Destacan los enfrentamientos entre los Quiñones y los Osorio,
que se atenúan (sin desaparecer) en 1488 gracias a la boda
de Bernardino Fernández de Quiñones -más tarde II conde de Luna-
con Isabel Osorio, hermana del marqués.
Los Quiñones también mantuvieron querellas
con sus propios parientes, Quiñones de Valdejamuz.
El resultado de tantos conflictos en tierras de León
fue el progresivo desgaste de los Condes de Luna,
que vieron frenados sus abusos
y que incluso hubieron de soportar la excomunión eclesiástica.
Sin embargo, no llegaron a sufrir en León pérdidas territoriales.

Distinto fue lo ocurrido en Asturias,
donde los condes eran titulares de la Merindad Mayor
(con atribuciones administrativas, judiciales y fiscales),
tenentes de las principales fortalezas reales
y poseedores de importantes juros.
Allí, la Corona aprovechó
la edad avanzada del primer conde, su fallecimiento en 1491
y la muerte prematura, en 1492,
del segundo conde, Bernardino Fernández de Quiñones,
para, tras un largo conflicto jurídico (1484-1494),
arrebatar a los Quiñones sus posesiones
(Cangas, Tineo, Llanes y Ribadesella y los cargos anejos),
anular sus funciones y expulsarlos del Principado.
Se extinguía así la última jurisdicción nobiliaria
de la Asturias medieval,
con la definitiva reversión al realengo
de las importantes posesiones, rentas y oficios
de los que los Quiñones - Condes de Luna habían disfrutado
a lo largo de toda la Baja Edad Media.
El oficio de Merino fue sustituido de facto por el de Corregidor,
con fuerte dependencia de la Corona.


A la muerte de don Bernardino en 1492
heredó el condado su hijo Francisco Fernández de Quiñones,
cuyo poder ya se vio muy disminuido.

El conde Francisco de Quiñones y su esposa Catalina Pimentel
habitaron el Palacio leonés en época de Carlos I.

*** 


En 1478 el obispo Rodrigo de Vergara
había sido asesinado en el Palacio.
El prelado salió huyendo de la sede episcopal
para evitar la venganza de la familia de un canónigo,
Fernando Cabeza de Vaca, tesorero de la catedral,
que había sido asesinado por los sirvientes de Rodrigo.
Fue a refugiarse a las dependencias del Conde Luna.
Pero, finalmente, el obispo fue capturado y muerto
en el Palacio del conde.

El Palacio y su entorno, el Barrio de Palat de Rey,
permanecieron en poder de los Quiñones
hasta la unión del linaje con el de los condes-duques de Benavente
en el siglo XVI.

El condado de Luna y el palacio en sí pasaron por manos sucesivas,
hasta quedar en la Casa ducal de Frías.
El duque Bernardino Fernández de Velasco
en 1878 puso en arriendo el complejo palatino,
que fue utilizado como salón de baile.

En 1880 fue comprado por un hidalgo enriquecido,
Pedro Álvarez Carballo.

En 1890 se dividió en varios inmuebles, que fueron dedicados
a sede del Banco de España,
viviendas de alquiler, negocios de hostelería y frutería.

Fue quedando abandonado y deteriorándose.
En 2001 el Ayuntamiento de León
llegó a un acuerdo con la Fundación Álvarez Carballo
para recuperar parte del palacio,
quedando el sector norte en poder de la Fundación.

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