domingo, 18 de octubre de 2015

CALATAÑAZOR



La leyenda cuenta que Almanzor,
tras asolar Galicia y profanar Santiago de Compostela,
se encaminó hacia Castilla.
El rey Vermudo II de León y el conde García Fernández de Castilla
le salieron al paso en Calatañazor.

El enfrentamiento fue encarnizado.
Al llegar la noche, Almanzor,
comprendiendo que no podía vencer, se dio a la fuga.
Fue la primera derrota y, a la vez, la última batalla de Almanzor.
Desde ese día, Almanzor no quiso ni comer ni beber
y acabó por morir en la ciudad de Medinaceli, donde fue sepultado.

*** 


La realidad es que Almanzor no fue derrotado en ninguna aceifa
por los reyes de León o los condes de Castilla;
ninguna de sus incursiones ocasionó
un enfrentamiento importante en Calatañazor.
Su última campaña se desarrolló
en la Sierra de la Demanda, en 1002,
siendo rey de León Alfonso V y conde de Castilla Sancho García.
A su vuelta, Almanzor vio agravada su artritis
y falleció en Medinaceli, donde fue sepultado.

*** 


La leyenda se empezó a gestar en el siglo XII.


La Crónica Najerense es la primera en introducirla:
«En el año decimotercero de su reinado, después de muchas y horribles matanzas de cristianos, luchando con dicho conde Sancho y dándose a la fuga, reventó por medio y murió en la villa llamada Grajal y fue sepultado en Medinaceli el año 1002. Más tarde ocultamente arrebatado, fue trasladado».

El año 1002 no era el decimotercero del gobierno de Almanzor.
Almanzor no combatió contra el conde Sancho García.
Su última batalla fue la de Cervera, en el año 1000,
que ganaron los musulmanes.
Almanzor no murió en Grajal,
ni su cuerpo fue trasladado a escondidas.


En 1238, en el Chronicon Mundi, el obispo Lucas de Tuy escribió:
«Como Almanzor saliese de Galicia y quisiera asolar de nuevo las fronteras de Castilla, le salió al encuentro con un gran ejército en un lugar llamado Calatañazor donde trabando el combate cayeron muchos miles de sarracenos y si la noche no acabase con el día el mismo Almanzor hubiera sido apresado. Sin embargo, durante el día no pudo ser vencido y llegada la noche se dio a la fuga con los suyos.
Al día siguiente el rey Vermudo ordenó formar las tropas para al llegar el crepúsculo del día luchar con el ejército sarraceno. Pero al avanzar hacia el campamento musulmán solo encontraron las tiendas fijas con abundante botín. El conde García Fernández, habiendo perseguido a los sarracenos, acabó con una gran multitud de ellos.
Y algo admirable ocurrió, el mismo día que Almanzor perecía en Calatañazor, cierto hombre que parecía un pescador se lamentaba ya en idioma árabe ya en español exclamando: “En Calatañazor perdió Almanzor el tambor”, lo que en latín quiere decir, que en Calatañazor perdió Almanzor el tímpano o el sistro, es decir, su alegría. Acudían a él los infieles de Córdoba y al acercarse la figura se desvanecía ante sus ojos para reaparecer en otro lugar repitiendo la misma lamentación. Creemos que se trataba del diablo que lloraba el desastre de los sarracenos.
Almanzor, desde el día en que fue derrotado, no quiso comer ni beber, y llegando a la ciudad llamada Medinaceli murió y fue sepultado allí».

La narración parte de un error importante,
pues ni Vermudo II ni el conde García Fernández vivían en 1002.


Con el tiempo se fueron añadiendo y cambiando detalles.

En 1243 en De Rebus Hispaniae Rodrigo Jiménez de Rada escribe:
«Pues Almanzor con su ejército fue castigado por el Señor con la pena debida por el crimen sacrílego y el que había profanado el lugar santo del Apóstol vio casi todo su ejército consumido con una inmunda plaga de disentería, pereciendo los demás por muerte repentina. Lo cual sabido por el rey Vermudo envió multitud de peones adiestrados, que fácilmente exterminaron entre las montañas a los debilitados y consumidos por la enfermedad. De este modo forzado por la peste Almanzor regresó a su tierra.
Pero el rey Vermudo acosado por los enemigos envió su embajada al conde castellano García Fernández y a García el Temblón rey de los navarros para que dejando a un lado las rivalidades se reunieran todos a combatir por la fe. Oído lo cual el rey García envió un ejército, el conde García Fernández vino personalmente con una gran multitud y el rey Vermudo, aunque enfermo de gota, llevado a hombros de porteadores y reunidas todas las fuerzas de su reino, todos se congregaron en una única hueste, y fueron al encuentro de Almanzor, que con sus árabes venía a invadir Castilla, en un lugar que en lengua árabe es llamado Calatañazor, y en latín es designado como “la altura de los buitres”.
Y habiéndose trabado muchos mortales combates, había sucumbido la mayor parte del ejército agareno; sin embargo sorprendidos por la oscuridad de la noche ninguno cedió en el campo al otro, pero descubierta por Almanzor la mortandad de los suyos no quiso reanudar el combate al día siguiente. Por lo que huyendo por la noche al llegar al valle de Borgecorexi consumido por el pesar exhaló su alma, siendo llevado a la ciudad llamada Medinaceli.
Al amanecer del día siguiente creyó el ejército cristiano que los árabes volverían a la lucha, pero al descubrir las tiendas vacías de hombres, se apoderaron de las mismas tiendas, del ajuar y demás objetos. Pero el conde García Fernández persiguiendo esforzadamente a los que habían escapado a la matanza los aniquiló casi hasta el exterminio. Almanzor, siempre victorioso hasta aquel momento, se sintió agobiado por un dolor tal, que desde el día de la batalla no quiso comer ni beber nada hasta que acabó su último día».


La leyenda pasó a la Primera Crónica General de Alfonso X
y a todas las historias posteriores,
considerándose que la batalla había ocurrido realmente.



Sólo en el siglo XX empezó a ponerse en duda su existencia.

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